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Nini.

Yo también fui Nini amigos, fui Nini y a mucha honra. Despertaba tarde, desayunadaba tarde, comía tarde, vivía tarde, y nunca me dejo mal sabor de boca como toda la mierdera sociedad que te hace pensar que la felicidad se basa en la adquisición de capital o de la preparación profesional.

Ser Nini fue perfecto, no solamente porque hacía lo que quería. No solamente porque subí muchos kilos y me salieron muchos granos, sino porque me alejé del curso natural de la vida.

Alejarse del curso natural de la vida es hacerse a un lado, dejar pasar a los presurosos y observarlos como animales de laboratorio. Ver lo ridículos que se ven intentando ganar tiempo que no es suyo y que no les asegura éxito ni en su trabajo, ni en su familia, ni vendiendo tamales.

No les aplaudo a aquéllos que no han “perdido” años o ciclos escolares corridos, siento pena por ellos. De esa pena que sientes cuando tu mamá te visita en la secundaria, esa pena enfermiza y penetrante como ninguna.

Disfrutar la vida no es más que sentir en un momento específico un sentimiento deseado, satisfacer necesidades sin restricciones ni esperas y morir en ese mismo instante.

Les mando un saludo a los Ninis gordos.

La vida no perdona, ni al merecedor de su benevolencia. La vida no es justa, ni con nosotros sus auditores. La vida da una cara que promete, nos incentiva a dar un paso para caer al próximo.

Aún con toda la infelicidad que representa el vivir plenamente, el encontrar un camino no es cosa de magia, es cosa de búsqueda.

Y aún con ésta búsqueda es inevitable la perdida, del valor de lo buscado y del camino hacia ello. Aún con la vida entre las manos nos sentimos volátiles ante los puños, cual viaje astral.

“Vivir bien, es la mejor venganza”.

Ese momento entre el dormir y el despertar, ese breve momento que tarda en aparecer la lucidez, es lo que somos en realidad.

Ese momento entre el dormir y el despertar, ese breve momento que tarda en aparecer la lucidez, es lo que somos en realidad.

Ya decía yo que tanta perfección venía acompañada de una columna vertebral muy gruesa y con el tuetano de oro.

Ya decía yo que tanta perfección venía acompañada de una columna vertebral muy gruesa y con el tuetano de oro.